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Diecisiete. Tierras Indómitas IV: El Burgo de Sarovir. La Casa Fierabrás.

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  Bajo la noble Casa Fierabrás, residencia para dolencias del alma, se abren pasillos y cámaras donde el buen doctor acoge a sus pacientes más especiales. Excavado en la roca, su suelo es de tierra oscura con algunas losas para evitar la excesiva humedad del invierno. Aquí y allá pequeñas baldas entre los puntales de madera sostienen velas que iluminan el entorno. La guardia dispone de una sencilla sala donde descansar entre ronda y ronda. Una mesa larga y un par de armarios viejos la adornan. En un extremo se abre la cámara privada del Doctor Fierabrás, allí puede estudiar, trabajar, y experimentar con sus internos. Los residentes, sujetos con oxidadas cadenas y argollas, tienen cada uno una celda y un montón de paja donde dormir. Todo huele a humedad putrefacta. Todo rezuma enfermedad y locura como la mente de los que allí habitan. Risas nerviosas y alaridos recorren este lugar, carcajadas y gritos que se escapan al exterior y dan nombre a la casa Fierabrás: La Casa de los Gritos...

Dieciseis. Dramatis Personae: La Casa de los Gritos

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  Hace unos años un extraño personaje llamado Fierabrás llegó a Sarovir. Instalado en las afueras de la muralla, comenzó a atender a todo aquel que se lo solicitaste. Heridas y enfermedades sanaban gracias a sus bálsamos y consejos. Su fama creció y gente de más alta alcurnia comenzó a visitarle. Fama y riqueza le permitieron levantar la Casa Fierabrás. Una residencia para dolencias del alma. Cuando sus inquilinos comenzaron a llegar, las gentes de Sarovir llamaron al edificio "La Casa de los Gritos". Risas nerviosas y alaridos de terror o dolor se escapan de sus muros de vez en cuando. Nadie sabe realmente que pasa dentro. La guardia contratada por Fierabrás tiene prohibido hablar. Lo único que sabe la gente es que si te internan en La Casa Fierabrás, lo único que saldrá de allí serán tus gritos.