Trece. Tierras Indómitas III: El Burgo de Sarovir. La Cochiquera
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Ilustración de @haticlesa |
La Cochiquera:
Las tiendas de lona que cubrían la base de la muralla dieron paso con el tiempo a casetas de madera y paja y con los años, a barro y teja.
Ni Alberto El Avaro ni su sucesor Darian El Cazador vieron terminada la ampliación de la muralla. Para cuando se terminó el proyecto, aquel campamento de trabajadores se había convertido ya en un arrabal de Sarovir. Tabernas, casas de oficios, templos y prostíbulos, torre de la guardia y hasta construcciones de varios pisos se levantaban aquí y allá, sin ningún tipo de planificación urbana.
Las edificaciones de La Cochiquera, nombre que recibía el barrio por su intenso olor, se amontonaban caóticas unas sobre otras creando retorcidas callejas y plazas. El laberinto de esquinas y callejones que se recorría un dia, mudaba al cabo de un mes cuando una casa se derrumbaba aquí o alguien levantaba su hogar o su negocio cerrando una calle antes transitada.
El abandono por parte de los gobernantes de Sarovir y sus laberínticas características, convirtieron rapidamente el arrabal en un agujero donde las peores pasiones humanas florecían. Que te rajaran la garganta en una esquina era lo menos que te podía pasar por sus calles. La Cochiquera era una pequeña ciudad sin ley donde la vida no valía nada.
Carlos El Recto mandó amurallar La Cochiquera para evitar su crecimiento descontrolado. Dejó solo dos puertas al barrio, estableció impuestos de salida y horarios de cierre con el fin de evitar que la ponzoña de sus gentes salpicase a Sarovir en exceso.
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